Venganza

Lady Madonna

Amelia, sorprendentemente, sonreía mientras su marido comía con especial delectación un chuletón de ternera doradito por fuera y crudo por dentro, como a él le gustaba. Hacía tres días que Amelia había decidido que no iba a maquillarse más moratones ni a permitir ser tratada como un trapo, solo que aún no se lo había dicho a su marido.

Claro que, en cuanto empezara a hacer efecto el matarratas seguramente ataría cabos. O quizás ni eso, su marido nunca fue muy listo.

Imagen en creative commons: flickr/Lady Madonna

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